Al asumir el tratamiento del tema del dolor en los Cuadernos de apuntes reparamos en dos cuestiones bien visibles: primero, la complejidad y trascendencia del asunto en la obra de José Martí, a tal punto, que puede considerarse como parte esencial de su poética; segundo, la necesidad de dar una idea totalizadora del mismo en estas curiosas anotaciones, después de su detenido estudio. Con tales advertencias iniciamos nuestro acápite que pretende tan sólo ubicar en su justa dimensión las ideas relacionadas con la temática en dichos cuadernos.
Nos parece que Martí fue intuyendo poco a poco, en tenaz reflexión sobre la existencia, el aserto kantiano de que “el dolor es el aguijón de la actividad, y es en esta en la que sentimos siempre nuestra vida; sin dolor cesaría la vida”.[1] El tema como tal aflora en numerosos poemas del escritor desde sus primeras creaciones hasta sus libros de madurez, y tuve la ocasión de estudiar su presencia en mi libro Génesis de la poesía de José Martí.[2] Después de una lectura acuciosa de la obra del escritor se llega a comprender el gran relieve que tiene el dolor en su filosofía de la vida y hasta en su teoría literaria. “Martí le concede una doble jerarquía: moral y estética. En su concepción, el dolor purifica, enaltece y redime: por otra parte, es la máxima fuerza creadora”.[3] En tal sentido los Cuadernos de apuntes son un lugar apreciado de pesquisas, pues podemos comprobar cómo se fue acercando al tema, la naturaleza de sus reflexiones sobre el mismo y el camino que recorre hasta dotar al dolor de un sentido trascendente. “Los Cuadernos de apuntes recogen, de igual modo, estas reflexiones bajo los términos indistintamente empleados de ‘dolor’, ‘angustia’, ‘sufrimiento’, ‘pena’, ‘sacrificio’, ‘desgracia’, ‘martirio’; todos ellos como elementos de un mismo campo semántico signado como veremos de positividad. // Y es que la episteme martiana discurre por los cauces de una herencia que reconoce en la angustia o el dolor una vía de restauración existencial”.[4]
Ya en el Cuaderno de apuntes 1 aparecen dos afirmaciones cruciales sobre este asunto que reconocen el carácter fecundante, dialéctico del dolor como forjador de espíritus, de conciencias: “Las grandes desgracias son grandes escuelas. El dolor es la única escuela que produce hombres ―¡Dichoso aquel que es desgraciado!”. (CA, 1, p. 17).
En esta afirmación, a mi entender, se halla la base metafísica de la idea que se manifiesta en su poesía del verso como fruto del dolor y como alivio a él, y que será reiterada, de disímiles formas, también a lo largo de estos Cuadernos, como por ejemplo, en su sentido poema “[¡Dolor! ¡Dolor! Eterna vida mía]”. (CA, 1, p. 21). “Si hubiera que escoger un texto entre los primeros poemas de Martí como botón de muestra de su más íntimo, esencial pensamiento poético, no dudaría en escoger este poema. El dolor y su consiguiente transformación en elemento creativo permeará toda la poética martiana y se inaugura en este texto, donde se erige el bardo, ya con bastante claridad, en conciencia crítica del entramado social”.[5]
Así vamos asistiendo a un curioso proceso de confesión ―convicción donde el poeta escribe primero en íntima reflexión lo que después será parte de sus excelsas ideas en poemas que van desde “Marzo”[6] de Versos libres o “Cual incensario roto” hasta el poema “XXXV” de Versos sencillos.[7] Desgarradora, simple y sentenciosamente, reconoce en múltiples ocasiones la unidad casi indisoluble entre poesía y dolor y el carácter estoico que este último le confiere a la existencia. La que sigue es una declaración muy personal pero con implicaciones, desde cierto punto de vista, estéticas: “Yo tengo la fortaleza de la desventura; pero no tengo el arte de la felicidad”. (CA, 2, p. 75). El dolor será para él una condición natural del poeta y el fundamento de la forja de un espíritu.[8] Tan claro lo ha entrevisto en sus meditaciones que llega a afirmar: “¡Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante!”. (CA, 6, p. 194). Con lo que reconoce el papel raigal que este sentimiento tiene en su vida, y en la de los demás como innegable redimidor del ser humano. “El dolor aparece así dotado de un valor sacrificial, del que se desprende un bien insospechable, no sólo para la humanidad, sino para el entero universo, que comparte, por ley de la analogía, la misma esencia de aquella”.[9]
Es inevitable, a la hora de tratar este tema, hacer alusión a unas anotaciones que, sobre Schopenhauer, Martí recoge en el Cuaderno de apuntes 3 (pp. 113-114). Luego de su lectura nos percatamos de que nuestro escritor entabla un diálogo con el filósofo alemán y sus convicciones, acaso vertidas en su libro El mundo como voluntad y representación (1819),[10] donde a diferencia de aquel no considera al dolor perenne, sino la causa del dolor, y para fundamentarlo utiliza el mismo argumento del pensador sobre la voluntad como substrato de los fenómenos y de la representación del mundo en la conciencia. Es curioso en estas líneas ver cómo establece una diferencia entre el dolor de los pensadores y poetas, a los que llama “ultrahombres” y el dolor del común de los humanos.[11] Con lo que sigue perfilando sus ideas sobre este concepto, abordando sus aristas metafísicas. O aquellas que parecen misteriosas cuando son en realidad reveladoras de esencias: le hacen ver claro el sentido, la razón de su vida[12] y de la vida de los grandes hombres. El dolor es lo que incita, estimula el pensamiento del genio, y al cobijarlo lo vuelve grave, sereno, grandioso. (CA, 8, p. 241).[13] A diferencia de Schopenhauer y su concepción pesimista de la existencia con base en el dolor, este para Martí es el que permite dotar a la vida de un sentido trascendente y es el fundamento insustituible para la creación artística.
Y a lo largo de los Cuadernos proliferan las declaraciones expresas, las generalizaciones sobre el particular, y el testimonio de una experiencia en ideas claras donde se reconoce al verso, y por extensión a la obra creativa, como fruto, cetro y superación del dolor: “Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una copa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles.―Jamás he entrado en una gran labor sin que alguna profunda pena haya venido a perturbarme en el comienzo. —Y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda”. (CA, 5, p. 161).[14] Muchos de estos planteos constituyen preámbulos a la irrupción escritural de sus poemarios con sus respectivos paratextos. Pero también se hace referencia a este asunto en formulaciones bien metafísicas como la siguiente que conforma su doctrina poética: “El verso no ha de andar por tierra, como la hormiga, sino por sobre ella, como las aves. // El verso ha de ir cantando, saltando, rebotando, como cascada de aguas lujosas sobre las piedras del abismo”. (CA, 9, p. 253. El énfasis es mío). Para él la poesía es sinónimo de lo elevado y lo sagrado.
Maybel Mesa reconoce que la idea del sufrimiento en Martí se refleja como una actividad del espíritu estrechamente vinculada con el conocimiento, y apunta que en el fragmento referido del Cuaderno 5 aparece explícitamente plasmada la relación del dolor con la escritura, que ella considera una forma privilegiada en que este conocimiento toma lugar, una vez que el individuo se encuentra ante la experiencia de la angustia.[15] A veces la anotación es sencilla, esencialmente atributiva, pero refiere lo mismo: su experiencia concreta y el reconocimiento de que el dolor debe anteceder cualquier instinto creativo. Antes de su dedicatoria de Ismaelillo en estos apuntes refiere: “El canto es luego: hoy es el tono llanto”. Otras, con las imágenes analógicas que tanto prefería: “Yo soy como aquellos llanos de Siberia, que dan fruto abundante en medio del frío.―Del dolor, flores”. (CA, 6, pp. 182 y 185). Por eso afirmaba un poco antes que en ellos los temas se ofrecen unidos, imbricados: el tema del dolor al dolor como una forma privilegiada de llegar al conocimiento, y se plasman los aspectos paratextuales dentro de los elementos de poética. Todo formando parte de un círculo concéntrico en que se constituye la escritura y la genialidad literaria de José Martí.
En el Cuaderno de apuntes 6 que contiene, como ya hemos dicho, los manuscritos de Polvo de alas de mariposa, no faltan tampoco poemas de aquel libro donde se reconoce propiamente dentro de la escritura creativa.[16]
Por este camino ha llegado de la intuición a la certeza cuando escribe: “La poesía es la lengua de lo subjetivo permanente.―Dolor o amor consignado en prosa―vuela!―En verso sincero y sobrio, ―queda!”. (CA, 7, p. 222). Nos entrega aquí un ángulo invertido del análisis: de la poesía al dolor, pero se llega a las mismas conclusiones. Estamos ante un originalísimo concepto sobre aquella ―noción sin dudas moderna―[17] donde la reconoce como lenguaje en el que prevalecen la trascendencia y la singularidad, y donde se encuentra el “mayor componente irracional y por tanto la máxima individualidad creadora”.[18] Hay una aparente contradicción en dicho concepto, pero esto es lo que hace mantenerlo vivo y mantener viva a la poesía. El papel del dolor en la misma es preponderante, así como de las ideas que emanan de él. Martí reconoce en él un vehículo hacia lo sagrado y elevado del pensamiento.[19] Es ya la sabiduría que emana de la experiencia y puede ser volcada en versos tan intensos como los siguientes, pertenecientes a Versos libres, y que aparecen manuscritos en el Cuaderno 18:
De forma en forma (y) de astro en astro vengo:
Viejo nací: ¿Quién soy? Lo sé. (Soy todos) (todo):—
[…]
Y (el) bestia soy: me place el sacrificio
Más que el gozo común: con esto sólo
Sé ya quien soy: ya siento do mi mano
Ceder las puertas fúlgidas del cielo.
(CA, 18, pp. 384-385)
[1] Nicola Abbagnano: Diccionario de filosofía, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2004, p. 385.
[2] Caridad Atencio: Génesis de la poesía de José Martí, San José, Costa Rica, Centro de Estudios Martianos y Universidad Estatal a distancia, 2005.
[3] Manuel Pedro González e Ivan Schulman: José Martí. Esquema ideológico, México, DF, Editorial Cultura TG SA, 1961, p. 433. En el Cuaderno 6 Martí afirma: “No quiero descansar: porque hay goce en sufrir bien”, declaración de corte estoico. José Martí: “Cuadernos de apuntes”, en Obras completas, La Habana, 1963-1973, t. 21, p. 190. [En lo sucesivo, las referencias de las citas martianas tomadas de los Cuadernos de apuntes (CA) aparecerán entre paréntesis, indicando el número del Cuaderno y la paginación correspondientes. (N. de la E.)]
[4] Maybel Mesa: “El sentido del dolor para Martí y su relación con la escritura desde los Cuadernos de apuntes”, en Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, no. 28, p. 69. Ver también en CD-ROM Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007.
[5] Caridad Atencio: Génesis de la poesía de José Martí, ob. cit., p. 39.
¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero.
[…]
Yo, ―embriagado en mis penas, ―me devoro[...]
Y buitre de mí mismo, me levanto,
Y me hiero y me curo con mi canto.
[CA, 1, p.21].
[6] Si en “Marzo” afirma que “la hermosura / Perfecta es el dolor […] el gozo / Corrompe el alma, —¡y el dolor la eleva”, en el Cuaderno 18, en su afán de dominar el inglés, escribe esta ilustradora frase en consonancia con las ideas del excelente poema: “I rejoice in sorrow. There is deep joy in sorrow, ―in our own sorrow”. (CA, 18, p. 423).
[7] Todas aquellas inquietudes curiosamente aflorarán maduras, pensadas, resumidas, pero igualmente a manera de confesión en su profundo poema “Odio el mar” de Versos libres:
Lo que me duele no es vivir: me duele
Vivir sin hacer bien. Mis penas amo,
Mis penas, mis escudos de nobleza.
No a la próvida vida haré culpable
De mi propio infortunio, ni el ajeno
Goce envenenaré con mis dolores.
La tierra es buena, la existencia es santa.
Y en el mismo dolor, razones nuevas
Se hallan para vivir, y goce sumo,
Claro como una aurora y penetrante.
(Obras completas. Edición crítica, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2007, t. 14, p. 194).
[8] El dolor limpia, hace mejor, es una escuela de mejoramiento espiritual según Martí: “(Jardín el placer, jardín lozano: El dolor, salva)”. (CA, 15, p. 356).
[9] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, Madrid, Editorial Verbum, 1994, p. 48.
[10] Para Arthur Schopenhauer “la tragedia de la vida surge de la naturaleza de la voluntad, que incita al individuo sin cesar hacia la consecución de metas sucesivas, ninguna de las cuales puede proporcionar satisfacción permanente a la actividad infinita de la fuerza de la vida, o la voluntad. Así la voluntad lleva a la persona al dolor, remedio al sufrimiento y a la muerte; a un ciclo sin fin de nacimiento, muerte y renacimiento, y la actividad de la voluntad sólo puede ser llevada a un fin a través de una actitud de renuncia, en que la razón gobierne la voluntad hasta el punto que cese de esforzarse”. Enciclopedia Encarta 2007. La concepción pesimista de Schopenhauer está relacionada con el hecho de que “vivir significa querer, querer significa desear y el deseo implica la ausencia de lo que se desea, o sea deficiencia y dolor. Por ello la vida es dolor y la voluntad de vida es el principio del dolor. De la satisfacción del deseo o de la necesidad surge un nuevo deseo o necesidad, o el fastidio de la satisfacción prolongada. En esta oscilación continua, el placer sólo representa un momento de tránsito, negativo e inestable, ya que es el simple cese del dolor”. (Nicola Abbagnano: Diccionario de filosofía, ob. cit., parte I, p. 385).
[11] “El dolor es el resultado de la inconformidad de la naturaleza sentidora ―alma con la existencia real. ―O la inconformidad del deseo con el logro. Aquel es el dolor de los pensadores y poetas, ―ultrahombres. Este es el dolor de los hombres”. (CA, 3, p. 113).
[12] En este sentido a veces en un solo enunciado se unen poema, verdad humana y autoconfesión:
Pues a vivir venimos―y es la ofrenda
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza―aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda
—Aunque a indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,―
―Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado―
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso al fin es vivir!―
(CA, 4, p. 138. El énfasis es mío). La jerarquía que Martí le concede al dolor en su periplo humano, en su vía crucis, y su condición de halo de la vida vuelve a manifestarse en este poema, del Cuaderno 18, en elaboración:
Yo no envidio a los muertos,
Porque no sufren:—
Envidio a los que mueren
—————
Envidio a los enfermos
Que se consumen
Y se consumen.
[CA, 18, p. 397].
[13] “El dolor es la espuela del genio o su sudario”.
[14] Inevitablemente recuerdo la primera estrofa del poema “VIII” de Versos sencillos:
Yo tengo un amigo muerto
Que suele venirme a ver:
Mi amigo se sienta, y canta;
Canta en voz que ha de doler.
Es la exploración de la imagen del muerto para lograr solemnidad y desgarramiento a un tiempo y centralidad en el dolor. Por otra parte, a cada momento en los Cuadernos de apuntes incurre en observaciones de este tipo o corte. En su naturaleza de escritor y poeta el dolor es una razón de ser, un fundamento, es la base de la inspiración. En tal sentido, muy cerca del fragmento anterior, anota una frase que Carmen Suárez León en su ensayo aquí citado relaciona además con el brote irruptor de sus endecasílabos hirsutos. “Me siento como una angustia en la médula”. (CA, 5, p. 162). La recurrencia o persistencia de imágenes en Martí es una característica que va a distinguir su estilo, lo que resulta natural si recordamos aquella idea de Borges de que el escritor tiene solo algunas obsesiones que desarrolla y repite una y otra vez. Las va labrando como una joya un orfebre. Este es uno de los ejemplos más evidentes entre muchos. Fijémonos en las coincidencias: “¡Cuántas veces he visto en las tinieblas elaborarse sobre mi cabeza la luz! (centelleos, relampagueos, senos abiertos, curvas de cometa, rectas y curvas)”. (CA, 14, p. 342).
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
(Poema “I”, en Versos sencillos).
[15] Maybel Mesa. “El sentido del dolor para Martí y su relación con la escritura desde los Cuadernos de apuntes”, citado en nota 4.
[16] Ibídem, p. 70. Los poemas referidos son los siguientes:
Esa rosa que me das
De tu rosal es la flor,
Y estos versos que yo exhalo
Son la flor de mi dolor.—
(CA, 6, p. 187)
Corazón, hoy me han dicho
Que en esta pena anhelas hallar miel.
Corazón: ¡está quedo!
Hijos me dio tu amor: morir no puedo.
(CA, p. 190).
[17] Que la poesía es un lenguaje es reconocido de forma sugerente en la siguiente definición de Edgar Bayley: “Y es que lenguaje y experiencia de la poesía se confunden, son una misma cosa. Del nivel, de la hondura y densidad de la experiencia poética, dependerá la verdad, por así decirlo, del lenguaje de la poesía. E, inversamente, del lenguaje dependerá esa experiencia. O mejor dicho, la materialidad del lenguaje poético ―las palabras que integran el poema y el modo como han sido asociadas― denunciará el valor de la experiencia que le ha dado origen. O expresado de esta manera: un estado de gracia poética es un estado de lenguaje. Y a la inversa: un estado de lenguaje poético es un estado de gracia. No se trata de dos tiempos de un proceso. Es solo un tiempo. Esos dos estados se presentan sincrónicamente”. (Edgar Bayley: “Presencia de la poesía”, en Revista Poesía y Poética, México DF, Universidad Iberoamericana, verano, 1994, p. 49).
[18] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, ob. cit., p. 319.
[19] Analícese sino esta cita: “Para pensar altamente, me hace falta sufrir. Primero, caigo, tambaleando y muriendo. Y me levanto ―con el cerebro en hervor, y el alma ágil. Brotan mis pensamientos como chispas. Parece como que el puñal que me entra en el cerebro, echa hacia delante las ideas. Suben en alto, como espumas rotas, al chocar de la ola con la roca ―como mina volada de diamantes, llameando al Sol”. (CA, 8, p. 234). Con dicha metaforización indica que el dolor es siempre luminoso y una vez más que constituye “el aguijón de la actividad”.