Ediciones Universidad de Camagüey

Sitio de Ediciones Universidad de Camagüey, editorial de la Universidad de Camagüey "Ignacio Agramonte Loynaz"

¿Quiénes son los Premios Nacionales de Literatura, Edición y Ciencias Sociales 2025?

La Habana, 9 de ene-. El Instituto Cubano del Libro anunció los Premios Nacionales de Literatura, Edición y de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025. Como en años anteriores los jurados sesionaron en el Centro Cultural Dulce María Loynaz. Los premios se entregarán de manera oficial durante la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana a celebrarse del 12 al 22 de febrero de 2026. La cita está dedicada al centenario de Fidel Castro Ruz y tendrá como país invitado de honor a la Federación de Rusia. Serán homenajeados la escritora Marilyn Bobes y el historiador José Bell Lara.

El jurado del Premio Nacional de Literatura 2025 estuvo presidido por Miguel Barnet, Premio Nacional de Literatura (1994) e integrado por Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura (2001); Waldo Leyva, Premio Nacional de Literatura (2024); Alberto Marrero, poeta y escritor y José Manuel Espino, escritor para niños y crítico literario. El jurado decidió reconocer a Virgilio López Lemus (Sancti Spíritus, 1946). Poeta, ensayista, crítico literario y de arte, traductor, profesor universitario y destacado investigador literario cubano.

José Bell Lara, a quien también se le dedica la edición 34 de la feria recibirá el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2025. El jurado estuvo presidido por René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz, e integrado por Omar González, escritor y periodista; Fernando Rojas, asesor del ministro de Cultura; Luis Emilio Aybar, director del ICIC Juan Marinello; y Rigoberto Santiesteban, presidente del Instituto de Historia de Cuba. José Bell Lara Doctor en Ciencias Filosóficas. Licenciado en Sociología. Master en desarrollo social caribeño. Profesor Titular y Profesor Consultante de la Universidad de La Habana. Sus publicaciones están dedicados a la Revolución Cubana y América Latina.

Olga Marta Pérez, Premio Nacional de Edición 2015 como presidenta del jurado, integrado además por Mercy Ruiz, Premio Nacional de Edición 2020; Norberto Codina, Premio Nacional de Edición 2021; Osmany Echevarría, director de la Editorial Arte y Literatura; y Enrique Ubieta, ensayista y periodista decidieron reconocer como Premio Nacional de Edición 2025 a Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, 2009. La labor de Pedro Pablo en la dirección general de la edición crítica de las Obras completasde José Martí viene siendo una de las joyas editoriales cubanas de los últimos años.

Melancolía de los leones: invitación a la lectura

Melancolía de los leones, del poeta, escritor y periodista, Pedro Juan Gutiérrez, es el título del libro de relatos breves, publicado por la Editorial Oriente, para beneplácito de los fieles seguidores de la prosa «sucia», que caracteriza al ilustre narrador matancero, y detrás de la cual hay una sólida cultura general y una preocupación filosófico-antropogénica que identifica toda su creación poético-literaria y periodística.

No es un «secreto» clasificado, que a este cronista le satisface -en grado sumo- reseñar los textos dados a la estampa por Pedro Juan, y aquí estoy, ahora, ante cincuenta relatos brevísimos, escapados de su fecunda imaginación, que coquetean con el poema en prosa (o minicuento), y en los que se destaca —con letras indelebles— la vitalidad, dinamismo y colorido de las imágenes que utiliza en ese contexto, el ritmo ágil de la escritura, característico de su estilo único e irrepetible de narrar, la «sencillez» de las historias que relata con mano firme y seguridad yoica, y lo que no puede faltar en su prolífica obra: el sustrato filosófico-antropogénico en que se sustenta su producción intelectual y espiritual.

La «sencillez» que, al parecer, distingue esas historias tiene —sin duda alguna— segundas intenciones u otras lecturas, ya que los temas que desarrolla en ellas son graves, muy serios, al indagar, desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, en los intersticios sobre los cuales se estructura la vida del «soberano de la creación», en las contradicciones que singularizan el comportamiento del hombre genérico, condicionado, en lo fundamental, por la vigente programación sociocultural, basada no en realidades, sino en intereses de quienes defienden el statu quo,dictado por normas, tabúes y prejuicios ancestrales  

Las historias están ambientadas en la década de los 90 de la anterior centuria y son expresión genuina de la literatura realista contemporánea (en el caso de Pedro Juan, naturalista), uno de cuyos eminentes precursores —en nuestra geografía insular— es el poeta, escritor y periodista, Emilio Comas Paret; así como de una literatura madura, caracterizada, esencialmente, por la solidez estilística y el uso esmerado de la lengua cervantina.

Por último, recomiendo la lectura de esta obra de las letras insulares e iberoamericanas a quienes decidan incursionar en las aguas turbulentas de la prosa elegante de Pedro Juan Gutiérrez.

Poética y dolor en los Cuadernos de apuntes de José Martí. Parte I

Al asumir el tratamiento del tema del dolor en los Cuadernos de apuntes reparamos en dos cuestiones bien visibles: primero, la complejidad y trascendencia del asunto en la obra de José Martí, a tal punto, que puede considerarse como parte esencial de su poética; segundo, la necesidad de dar una idea totalizadora del mismo en estas curiosas anotaciones, después de su detenido estudio. Con tales advertencias iniciamos nuestro acápite que pretende tan sólo ubicar en su justa dimensión las ideas relacionadas con la temática en dichos cuadernos.

Nos parece que Martí fue intuyendo poco a poco, en tenaz reflexión sobre la existencia, el aserto kantiano de que “el dolor es el aguijón de la actividad, y es en esta en la que sentimos siempre nuestra vida; sin dolor cesaría la vida”.[1] El tema como tal aflora en numerosos poemas del escritor desde sus primeras creaciones hasta sus libros de madurez, y tuve la ocasión de estudiar su presencia en mi libro Génesis de la poesía de José Martí.[2] Después de una lectura acuciosa de la obra del escritor se llega a comprender el gran relieve que tiene el dolor en su filosofía de la vida y hasta en su teoría literaria. “Martí le concede una doble jerarquía: moral y estética. En su concepción, el dolor purifica, enaltece y redime: por otra parte, es la máxima fuerza creadora”.[3] En tal sentido los Cuadernos de apuntes son un lugar apreciado de pesquisas, pues podemos comprobar cómo se fue acercando al tema, la naturaleza de sus reflexiones sobre el mismo y el camino que recorre hasta dotar al dolor de un sentido trascendente. “Los Cuadernos de apuntes recogen, de igual modo, estas reflexiones bajo los términos indistintamente empleados de ‘dolor’, ‘angustia’, ‘sufrimiento’, ‘pena’, ‘sacrificio’, ‘desgracia’, ‘martirio’; todos ellos como elementos de un mismo campo semántico signado como veremos de positividad. // Y es que la episteme martiana discurre por los cauces de una herencia que reconoce en la angustia o el dolor una vía de restauración existencial”.[4]

Ya en el Cuaderno de apuntes 1 aparecen dos afirmaciones cruciales sobre este asunto que reconocen el carácter fecundante, dialéctico del dolor como forjador de espíritus, de conciencias: “Las grandes desgracias son grandes escuelas. El dolor es la única escuela que produce hombres ―¡Dichoso aquel que es desgraciado!”. (CA, 1, p. 17).

En esta afirmación, a mi entender, se halla la base metafísica de la idea que se manifiesta en su poesía del verso como fruto del dolor y como alivio a él, y que será reiterada, de disímiles formas, también a lo largo de estos Cuadernos, como por ejemplo, en su sentido poema “[¡Dolor! ¡Dolor! Eterna vida mía]”. (CA, 1, p. 21). “Si hubiera que escoger un texto entre los primeros poemas de Martí como botón de muestra de su más íntimo, esencial pensamiento poético, no dudaría en escoger este poema. El dolor y su consiguiente transformación en elemento creativo permeará toda la poética martiana y se inaugura en este texto, donde se erige el bardo, ya con bastante claridad, en conciencia crítica del entramado social”.[5]

Así vamos asistiendo a un curioso proceso de confesión ―convicción donde el poeta escribe primero en íntima reflexión lo que después será parte de sus excelsas ideas en poemas que van desde “Marzo”[6] de Versos libres o “Cual incensario roto” hasta el poema “XXXV” de Versos sencillos.[7] Desgarradora, simple y sentenciosamente, reconoce en múltiples ocasiones la unidad casi indisoluble entre poesía y dolor y el carácter estoico que este último le confiere a la existencia. La que sigue es una declaración muy personal pero con implicaciones, desde cierto punto de vista, estéticas: “Yo tengo la fortaleza de la desventura; pero no tengo el arte de la felicidad”. (CA, 2, p. 75). El dolor será para él una condición natural del poeta y el fundamento de la forja de un espíritu.[8] Tan claro lo ha entrevisto en sus meditaciones que llega a afirmar: “¡Tengo miedo de morir antes de haber sufrido bastante!”. (CA, 6, p. 194). Con lo que reconoce el papel raigal que este sentimiento tiene en su vida, y en la de los demás como innegable redimidor del ser humano. “El dolor aparece así dotado de un valor sacrificial, del que se desprende un bien insospechable, no sólo para la humanidad, sino para el entero universo, que comparte, por ley de la analogía, la misma esencia de aquella”.[9]

Es inevitable, a la hora de tratar este tema, hacer alusión a unas anotaciones que, sobre Schopenhauer, Martí recoge en el Cuaderno de apuntes 3 (pp. 113-114). Luego de su lectura nos percatamos de que nuestro escritor entabla un diálogo con el filósofo alemán y sus convicciones, acaso vertidas en su libro El mundo como voluntad y representación (1819),[10] donde a diferencia de aquel no considera al dolor perenne, sino la causa del dolor, y para fundamentarlo utiliza el mismo argumento del pensador sobre la voluntad como substrato de los fenómenos y de la representación del mundo en la conciencia. Es curioso en estas líneas ver cómo establece una diferencia entre el dolor de los pensadores y poetas, a los que llama “ultrahombres” y el dolor del común de los humanos.[11] Con lo que sigue perfilando sus ideas sobre este concepto, abordando sus aristas metafísicas. O aquellas que parecen misteriosas cuando son en realidad reveladoras de esencias: le hacen ver claro el sentido, la razón de su vida[12] y de la vida de los grandes hombres. El dolor es lo que incita, estimula el pensamiento del genio, y al cobijarlo lo vuelve grave, sereno, grandioso. (CA, 8, p. 241).[13] A diferencia de Schopenhauer y su concepción pesimista de la existencia con base en el dolor, este para Martí es el que permite dotar a la vida de un sentido trascendente y es el fundamento insustituible para la creación artística.

Y a lo largo de los Cuadernos proliferan las declaraciones expresas, las generalizaciones sobre el particular, y el testimonio de una experiencia en ideas claras donde se reconoce al verso, y por extensión a la obra creativa, como fruto, cetro y superación del dolor: “Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una copa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles.―Jamás he entrado en una gran labor sin que alguna profunda pena haya venido a perturbarme en el comienzo. —Y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda”. (CA, 5, p. 161).[14] Muchos de estos planteos constituyen preámbulos a la irrupción escritural de sus poemarios con sus respectivos paratextos. Pero también se hace referencia a este asunto en formulaciones bien metafísicas como la siguiente que conforma su doctrina poética: “El verso no ha de andar por tierra, como la hormiga, sino por sobre ella, como las aves. // El verso ha de ir cantando, saltando, rebotando, como cascada de aguas lujosas sobre las piedras del abismo”. (CA, 9, p. 253. El énfasis es mío). Para él la poesía es sinónimo de lo elevado y lo sagrado.

Maybel Mesa reconoce que la idea del sufrimiento en Martí se refleja como una actividad del espíritu estrechamente vinculada con el conocimiento, y apunta que en el fragmento referido del Cuaderno 5 aparece explícitamente plasmada la relación del dolor con la escritura, que ella considera una forma privilegiada en que este conocimiento toma lugar, una vez que el individuo se encuentra ante la experiencia de la angustia.[15] A veces la anotación es sencilla, esencialmente atributiva, pero refiere lo mismo: su experiencia concreta y el reconocimiento de que el dolor debe anteceder cualquier instinto creativo. Antes de su dedicatoria de Ismaelillo en estos apuntes refiere: “El canto es luego: hoy es el tono llanto”. Otras, con las imágenes analógicas que tanto prefería: “Yo soy como aquellos llanos de Siberia, que dan fruto abundante en medio del frío.―Del dolor, flores”. (CA, 6, pp. 182 y 185). Por eso afirmaba un poco antes que en ellos los temas se ofrecen unidos, imbricados: el tema del dolor al dolor como una forma privilegiada de llegar al conocimiento, y se plasman los aspectos paratextuales dentro de los elementos de poética. Todo formando parte de un círculo concéntrico en que se constituye la escritura y la genialidad literaria de José Martí.

En el Cuaderno de apuntes 6 que contiene, como ya hemos dicho, los manuscritos de Polvo de alas de mariposa, no faltan tampoco poemas de aquel libro donde se reconoce propiamente dentro de la escritura creativa.[16]

Por este camino ha llegado de la intuición a la certeza cuando escribe: “La poesía es la lengua de lo subjetivo permanente.―Dolor o amor consignado en prosa―vuela!―En verso sincero y sobrio, ―queda!”. (CA, 7, p. 222). Nos entrega aquí un ángulo invertido del análisis: de la poesía al dolor, pero se llega a las mismas conclusiones. Estamos ante un originalísimo concepto sobre aquella ―noción sin dudas moderna―[17] donde la reconoce como lenguaje en el que prevalecen la trascendencia y la singularidad, y donde se encuentra el “mayor componente irracional y por tanto la máxima individualidad creadora”.[18] Hay una aparente contradicción en dicho concepto, pero esto es lo que hace mantenerlo vivo y mantener viva a la poesía. El papel del dolor en la misma es preponderante, así como de las ideas que emanan de él. Martí reconoce en él un vehículo hacia lo sagrado y elevado del pensamiento.[19] Es ya la sabiduría que emana de la experiencia y puede ser volcada en versos tan intensos como los siguientes, pertenecientes a Versos libres, y que aparecen manuscritos en el Cuaderno 18:

De forma en forma (y) de astro en astro vengo:
Viejo nací: ¿Quién soy? Lo sé. (Soy todos) (todo):—
[…]
Y (el) bestia soy: me place el sacrificio
Más que el gozo común: con esto sólo
Sé ya quien soy: ya siento do mi mano
Ceder las puertas fúlgidas del cielo.

(CA, 18, pp. 384-385)


[1] Nicola Abbagnano: Diccionario de filosofía, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2004, p. 385.

[2] Caridad Atencio: Génesis de la poesía de José Martí, San José, Costa Rica, Centro de Estudios Martianos y Universidad Estatal a distancia, 2005.

[3] Manuel Pedro González e Ivan Schulman: José Martí. Esquema ideológico, México, DF, Editorial Cultura TG SA, 1961, p. 433. En el Cuaderno 6 Martí afirma: “No quiero descansar: porque hay goce en sufrir bien”, declaración de corte estoico. José Martí: “Cuadernos de apuntes”, en Obras completas, La Habana, 1963-1973, t. 21, p. 190. [En lo sucesivo, las referencias de las citas martianas tomadas de los Cuadernos de apuntes (CA) aparecerán entre paréntesis, indicando el número del Cuaderno y la paginación correspondientes. (N. de la E.)]

[4] Maybel Mesa: “El sentido del dolor para Martí y su relación con la escritura desde los Cuadernos de apuntes”, en Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, no. 28, p. 69. Ver también en CD-ROM Anuario del Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007.

[5] Caridad Atencio: Génesis de la poesía de José Martí, ob. cit., p. 39.

¡Dolor! ¡Dolor! eterna vida mía,
Ser de mi ser, sin cuyo aliento muero.
[…]
Yo, ―embriagado en mis penas, ―me devoro[...]
Y buitre de mí mismo, me levanto,
Y me hiero y me curo con mi canto.

[CA, 1, p.21].

[6] Si en “Marzo” afirma que “la hermosura / Perfecta es el dolor […] el gozo / Corrompe el alma, —¡y el dolor la eleva”, en el Cuaderno 18, en su afán de dominar el inglés, escribe esta ilustradora frase en consonancia con las ideas del excelente poema: “I rejoice in sorrow. There is deep joy in sorrow, ―in our own sorrow”. (CA, 18, p. 423).

[7] Todas aquellas inquietudes curiosamente aflorarán maduras, pensadas, resumidas, pero igualmente a manera de confesión en su profundo poema “Odio el mar” de Versos libres:

Lo que me duele no es vivir: me duele
Vivir sin hacer bien. Mis penas amo,
Mis penas, mis escudos de nobleza.
No a la próvida vida haré culpable
De mi propio infortunio, ni el ajeno
Goce envenenaré con mis dolores.
La tierra es buena, la existencia es santa.
Y en el mismo dolor, razones nuevas
Se hallan para vivir, y goce sumo,
Claro como una aurora y penetrante.

(Obras completas. Edición crítica, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2007, t. 14, p. 194).

[8] El dolor limpia, hace mejor, es una escuela de mejoramiento espiritual según Martí: “(Jardín el placer, jardín lozano: El dolor, salva)”. (CA, 15, p. 356).

[9] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, Madrid, Editorial Verbum, 1994, p. 48.

[10] Para Arthur Schopenhauer “la tragedia de la vida surge de la naturaleza de la voluntad, que incita al individuo sin cesar hacia la consecución de metas sucesivas, ninguna de las cuales puede proporcionar satisfacción permanente a la actividad infinita de la fuerza de la vida, o la voluntad. Así la voluntad lleva a la persona al dolor, remedio al sufrimiento y a la muerte; a un ciclo sin fin de nacimiento, muerte y renacimiento, y la actividad de la voluntad sólo puede ser llevada a un fin a través de una actitud de renuncia, en que la razón gobierne la voluntad hasta el punto que cese de esforzarse”. Enciclopedia Encarta 2007. La concepción pesimista de Schopenhauer está relacionada con el hecho de que “vivir significa querer, querer significa desear y el deseo implica la ausencia de lo que se desea, o sea deficiencia y dolor. Por ello la vida es dolor y la voluntad de vida es el principio del dolor. De la satisfacción del deseo o de la necesidad surge un nuevo deseo o necesidad, o el fastidio de la satisfacción prolongada. En esta oscilación continua, el placer sólo representa un momento de tránsito, negativo e inestable, ya que es el simple cese del dolor”. (Nicola Abbagnano: Diccionario de filosofía, ob. cit., parte I, p. 385).

[11] “El dolor es el resultado de la inconformidad de la naturaleza sentidora ―alma con la existencia real. ―O la inconformidad del deseo con el logro. Aquel es el dolor de los pensadores y poetas, ―ultrahombres. Este es el dolor de los hombres”. (CA, 3, p. 113).

[12] En este sentido a veces en un solo enunciado se unen poema, verdad humana y autoconfesión:

Pues a vivir venimos―y es la ofrenda
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza―aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda
—Aunque a indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,―
―Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado―
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:—
¡Eso al fin es vivir!―

(CA, 4, p. 138. El énfasis es mío). La jerarquía que Martí le concede al dolor en su periplo humano, en su vía crucis, y su condición de halo de la vida vuelve a manifestarse en este poema, del Cuaderno 18, en elaboración:

Yo no envidio a los muertos,
Porque no sufren:—
Envidio a los que mueren

—————

Envidio a los enfermos
Que se consumen
Y se consumen.

[CA, 18, p. 397].

[13] “El dolor es la espuela del genio o su sudario”.

[14] Inevitablemente recuerdo la primera estrofa del poema “VIII” de Versos sencillos:

Yo tengo un amigo muerto
Que suele venirme a ver:
Mi amigo se sienta, y canta;
Canta en voz que ha de doler.

Es la exploración de la imagen del muerto para lograr solemnidad y desgarramiento a un tiempo y centralidad en el dolor. Por otra parte, a cada momento en los Cuadernos de apuntes incurre en observaciones de este tipo o corte. En su naturaleza de escritor y poeta el dolor es una razón de ser, un fundamento, es la base de la inspiración. En tal sentido, muy cerca del fragmento anterior, anota una frase que Carmen Suárez León en su ensayo aquí citado relaciona además con el brote irruptor de sus endecasílabos hirsutos. “Me siento como una angustia en la médula”. (CA, 5, p. 162). La recurrencia o persistencia de imágenes en Martí es una característica que va a distinguir su estilo, lo que resulta natural si recordamos aquella idea de Borges de que el escritor tiene solo algunas obsesiones que desarrolla y repite una y otra vez. Las va labrando como una joya un orfebre. Este es uno de los ejemplos más evidentes entre muchos. Fijémonos en las coincidencias: “¡Cuántas veces he visto en las tinieblas elaborarse sobre mi cabeza la luz! (centelleos, relampagueos, senos abiertos, curvas de cometa, rectas y curvas)”. (CA, 14, p. 342).

Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.

(Poema “I”, en Versos sencillos).

[15] Maybel Mesa. “El sentido del dolor para Martí y su relación con la escritura desde los Cuadernos de apuntes”, citado en nota 4.

[16] Ibídem, p. 70. Los poemas referidos son los siguientes:

Esa rosa que me das
De tu rosal es la flor,
Y estos versos que yo exhalo
Son la flor de mi dolor.—

(CA, 6, p. 187)

Corazón, hoy me han dicho
Que en esta pena anhelas hallar miel.
Corazón: ¡está quedo!
Hijos me dio tu amor: morir no puedo.

(CA, p. 190).

[17] Que la poesía es un lenguaje es reconocido de forma sugerente en la siguiente definición de Edgar Bayley: “Y es que lenguaje y experiencia de la poesía se confunden, son una misma cosa. Del nivel, de la hondura y densidad de la experiencia poética, dependerá la verdad, por así decirlo, del lenguaje de la poesía. E, inversamente, del lenguaje dependerá esa experiencia. O mejor dicho, la materialidad del lenguaje poético ―las palabras que integran el poema y el modo como han sido asociadas― denunciará el valor de la experiencia que le ha dado origen. O expresado de esta manera: un estado de gracia poética es un estado de lenguaje. Y a la inversa: un estado de lenguaje poético es un estado de gracia. No se trata de dos tiempos de un proceso. Es solo un tiempo. Esos dos estados se presentan sincrónicamente”. (Edgar Bayley: “Presencia de la poesía”, en Revista Poesía y Poética, México DF, Universidad Iberoamericana, verano, 1994, p. 49).

[18] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, ob. cit., p. 319.

[19] Analícese sino esta cita: “Para pensar altamente, me hace falta sufrir. Primero, caigo, tambaleando y muriendo. Y me levanto ―con el cerebro en hervor, y el alma ágil. Brotan mis pensamientos como chispas. Parece como que el puñal que me entra en el cerebro, echa hacia delante las ideas. Suben en alto, como espumas rotas, al chocar de la ola con la roca ―como mina volada de diamantes, llameando al Sol”. (CA, 8, p. 234). Con dicha metaforización indica que el dolor es siempre luminoso y una vez más que constituye “el aguijón de la actividad”.

Premio Nacional de Literatura para Virgilio López Lemus

El Instituto Cubano del Libro galardonó este viernes al poeta y ensayista Virgilio López Lemus con el Premio Nacional de Literatura 2025, en reconocimiento a su obra y aportes al legado cultural del país.

La decisión corrió a cargo de un jurado presidido por el intelectual Miguel Barnet e integrado por la poetisa Nancy Morejón, el periodista Waldo Leyva, el poeta Alberto Marrero y el narrador José Manuel Espino.

El encuentro tuvo lugar en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, ubicado en la zona capitalina del Vedado, donde la nominación del destacado investigador literario resultó ganadora por unanimidad.

Virgilio López Lemus, de 79 años de edad, nació en la central provincia de Sancti Spíritus y es un reconocido intelectual cubano, Doctor en Ciencias Filológicas, traductor, profesor universitario, crítico literario y de arte.

A su figura estuvo dedicada la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana, donde también se rindió homenaje a la investigadora Francisca López Civeira, Premio Nacional de Historia (2008).

El premio le será entregado de manera oficial durante la 34FILH, que tendrá lugar del 12 al 22 de febrero del presente año.

De Virgilio López Lemus son los poemarios Hacia la luz y hacia la vida (1981), Los cinco sentidos (1983), Cuerpo del día (2000), Un leve golpe de aldaba (2006) El Peldaño (2010), Veinte veces el amor (2019) y Doce poemas (2024), entre otros títulos.

Asimismo, fue editor de los libros de ensayo García Márquez: una vocación incontenible (1982), La décima. Panorámica breve de la décima en Cuba (1995), Samuel o la abeja. Estudio de la poética de Samuel Feijóo (1994), Oro de la crítica (2013), Las aguas y el espejo (2019), por solo citar algunos.

Se desempeñó como miembro del jurado en algunos de los más importantes lauros internacionales de esta manifestación artística, como el Premio de Poesía Atlántida, el Festival de poesía de Las Palmas de Gran Canaria y el Premio Pablo Neruda.

Por sus aportes a la literatura nacional, ha sido galardonado con el Premio Internacional de Ensayo de Investigación en Humanidades Milares Carlo (2003), Premio de Poesía Rafael Alberti del Festival Internacional de este género en La Habana y el Premio Maestro de Juventudes (2019), otorgado por la Asociación Hermanos Saíz.

Camagüey convoca en poesía al Premio de la Ciudad Silvestre de Balboa 2026

CAMAGÜEY.-Con el propósito de estimular la creación literaria y como parte de las celebraciones por la Semana de la Cultura Camagüeyana, prevista del 1ro al 7 de febrero, el Centro Provincial del Libro y la Literatura, la Editorial Ácana y la Dirección Municipal de Cultura convocan al Premio de la Ciudad Silvestre de Balboa 2026, dedicado en esta edición al género de la poesía.

Podrán participar los escritores residentes en el territorio nacional. Las obras deberán tener una extensión mínima de 60 cuartillas y un máximo de 80, en formato carta, a espacio y medio, con tipografía Arial 12 y numeración consecutiva.

Los trabajos se presentarán en formato digital, firmados con seudónimo, y se enviarán a la dirección electrónica premiosilvestredebalboa@gmail.com. En el asunto del correo deberá consignarse “Premio de la Ciudad de Camagüey” y se adjuntarán dos documentos en PDF: el primero identificado con el título de la obra y el seudónimo del autor, y el segundo correspondiente a la plica, identificado únicamente con el seudónimo. En este último deberán aparecer los datos personales del autor —nombre y apellidos, dirección particular, número de carné de identidad, correo electrónico, teléfono— así como una breve ficha biográfica. El incumplimiento de estos requisitos será motivo de descalificación.

El plazo de admisión de las obras permanecerá abierto desde la publicación de la convocatoria hasta el 20 de enero de 2026. El jurado estará integrado por escritores de reconocida trayectoria y su fallo se dará a conocer en el mes de febrero, de acuerdo con el programa de celebraciones por la Semana de la Cultura en Camagüey.

El Premio de la Ciudad “Silvestre de Balboa” de Poesía 2026 otorgará un único galardón, consistente en 40 mil pesos en moneda nacional, un diploma acreditativo y la publicación de la obra ganadora en formato electrónico por la Editorial Ácana, con el correspondiente pago de los derechos de autor una vez publicada. La participación en el concurso implica la aceptación total de sus bases.

¨Deja que te cuente de Bola¨

Deja te que cuente de Bola, del escritor, crítico, periodista e investigador, Ramón Fajardo Estrada, es el título del libro prologado por el laureado escritor Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura 2003, y publicado por la Editorial Oriente, en homenaje al aniversario 114 del natalicio del ilustre pianista y compositor Ignacio Villa Fernández (1911-1971), conocido artísticamente en nuestra geografía insular y en el orbe como Bola de Nieve, tal y como lo bautizara la primerísima actriz y vocalista Rita Montaner.

En ese texto, estructurado sobre la base de cinco capítulos, íntima y estrechamente relacionados entre sí y de una bibliografía actualizada, el también miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) ha logrado mezclar -con profesionalidad digna del más cálido elogio- documentos y testimonios orales, así como de la prensa plana de la época, enriquecidos con las letras de las canciones compuestas por Ignacio Villa y de aquellas de las que hiciera una interpretación única e irrepetible, junto con las bien fundamentadas opiniones acerca de aspectos de la música y nuestras raíces culturales, «hijas legítimas» de la personalidad básica (concepto antropogénico) de la población insular, para ofrecernos gran parte de la vida y el quehacer artístico-profesional de nuestro inolvidable Bola de Nieve, quien escribiera -con letras indelebles- su rica leyenda personal.

La lectura de ese volumen evocó en la memoria poética de este cronista aquellos momentos musicales en las noches del capitalino restaurante Monseigneur, donde Bola de Nieve hacía reír o llorar al piano y a los comensales con sus canciones, que solo él -con su estilo inimitable- podía interpretar, aunque, en cierta ocasión, declarara a la prensa estadounidense, y ahora, le repitió a este escribidor: «no tengo voz; si acaso de vendedor de mangos, yo digo lo que la canción tiene por dentro, lo interior, aquello en que uno cree íntegra, radicalmente».

Ahora bien, como Bola de Nieve nadie interpreta los números musicales propios y ajenos, que hizo suyos porque les otorga un «sabor especial», que es solo de Ignacio Villa y de nadie más.

El estilo literario, que caracteriza al intelectual bayamés, muy influido por la formación académica que recibiera en la Universidad de Oriente donde obtuvo el título de Licenciado en Periodismo, es claro y directo, sin floreos ni barroquismos lingüísticos innecesarios; estilo que —cual flecha dirigida al centro mismo de la diana— acaricia el intelecto y el espíritu del lector, y además, satisface con creces sus crecientes necesidades cognoscitivas acerca de la vida y la obra musical e interpretativa de Ignacio Villa Fernández, el gran Bola de Nieve.