Ediciones Universidad de Camagüey

Sitio de Ediciones Universidad de Camagüey, editorial de la Universidad de Camagüey "Ignacio Agramonte Loynaz"

Disponible ya !! Aplicaciones de la Inteligencia Artificial en la solución de problemas reales

Nuestra editorial Ediciones Universidad de Camagüey pone a disposición de los interesados un libro que expone los resultados de 20 años de trabajo de académicos de la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz”,  la Universidad Central de Las Villas “Martha Abreu” y de especialistas de otros sectores, en el uso de la Inteligencia Artificial en los campos de la salud humana y veterinaria, el transporte, las construcciones, la educación  y la gestión de sistemas eléctricos.

Autores: Yailé Caballero Mota y otros

Para descargarlo:

Desde Google Drive (PDF, 11 mb)

Bienvenido septiembre

El inicio del curso escolar siempre mueve las emociones, como las de esta periodista que por vez primera ha probado el uniforme de preescolar a su pequeña.

Y quizá el mérito mayor de esta sociedad habituada a tener a sus hijos en las escuelas, sea abrir siempre las puertas de un curso escolar, por encima de cualquier obstáculo, por difícil que esté la situación. El de hoy es un contexto que sin dudas tensa las cuerdas, toda vez que obliga a garantizar, en alguna medida, recursos, base material de estudio, uniformes y alimentos para los centros seminternos e internos de las distintas enseñanzas.

Y a pesar de todo, de las escaseces y de las alternativas que se puedan adoptar para hacer más llevaderos los días de niños, adolescentes y jóvenes en las instituciones estudiantiles, lo más importante será siempre las enseñanzas, los valores, el ejemplo de quien se para frente a un aula.

No seríamos nada sin los maestros. «Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo», diría José de la Luz y Caballero, a quien quedaba clara la importancia de la educación para la sociedad: «Tengamos el magisterio y Cuba será nuestra». El insigne educador diría también: «Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para la vida».

Bajo esas máximas hay que cultivar la educación en tiempos neurálgicos para la sociedad cubana, y conservar la escuela como ese espacio para todos, al que se va a aprender a leer y a escribir, a ser útiles y buenas personas.

Mucha responsabilidad tienen los padres para que no sea ese un sitio de lujo y ostentación, tan de moda en estos días, y mucha responsabilidad tienen también en ello los maestros, esos que apenas descansan y por cuyas manos discurre la formación de las nuevas generaciones.

Quizá los mayores retos de estos tiempos, como argumentaba recientemente la Ministra de Educación, estén en flexibilizar las formas de pago a los docentes y propiciar un mayor ingreso a las instituciones formadoras del relevo magisterial, a partir de la incompleta cobertura docente que persiste en varias provincias del país.

El otro asunto, puesto sobre el tapete desde hace muchos años, es insistir en que no son ni pueden ser jamás las carreras de perfil pedagógico la última opción, a la que accede el estudiante de promedio más bajo porque no tuvo más alternativa.

Y esa es una tarea a manejar desde la formación vocacional y la orientación profesional no solo con los muchachos, sino también con sus familias, desde que llegan sus hijos al sistema institucional.

Por otra parte, está la imperiosa necesidad de formar en valores a hombres y mujeres de pensamiento, capaces de dialogar y también de usar las nuevas tecnologías en función de su aprendizaje. Que sepan discriminar qué es valioso para ellos de todo lo que circula en las redes y qué información es intrascendente o falsa.

Para ello hay que otorgar herramientas a nuestros muchachos, que crecen hoy en un mundo mediatizado, permeado de banalidades y deberían tener, al menos, los mecanismos para no dejarse manipular.

Con todos esos desafíos, bienvenido sea septiembre, ese que trae consigo un desfile de camisas blancas recién lavadas y de pañoletas rojas y azules, acompañadas de la risa inocente de los niños. (Tomado de Juventud Rebelde)

Ley de Comunicación: no solo la información como derecho

Acaba de publicarse en la Gaceta Oficial de la República de Cuba la Ley de Comunicación Social, una añorada normativa que hace más de un año aprobó la Asamblea Nacional del Poder Popular y que ahora ve la luz, junto a sus dos reglamentos, para entrar en vigor dentro de 120 días.

Largo fue el camino, y fructífero por sus profundos debates en el proceso de conformación y consenso, hasta consolidar los 107 artículos que en dos títulos y 19 capítulos regula “el Sistema de Comunicación Social para la gestión estratégica e integrada de los procesos de comunicación social en los ámbitos organizacional, mediático y comunitario, con fines políticos, de bien público, organizacionales y comerciales, en los espacios públicos ya sean físicos o digitales”, según especifica su objeto.

Por tanto, aunque su nombre pudiera circunscribirla a ciertos gremios y esferas sociales, esta no es una norma para comunicadores y periodistas, mucho menos para limitar los ejercicios de la libre expresión y la opinión ciudadana, sino todo lo contrario.

Es una Ley para todos, que desarrolla y refuerza los derechos plasmados en la Constitución vinculados con la comunicación, con la expresión, con la participación, con la información como bien de carácter público.

Cuando la Ley responsabiliza a los máximos directivos de las instituciones a gestionar adecuadamente sus procesos de comunicación interna, garantiza más derechos a los trabajadores, mayor participación en la toma de decisiones, mejor clima laboral.

A la vez, esas propias instituciones, al mejorar sus prácticas comunicacionales, estarán beneficiando a sus clientes, a sus usuarios, al público externo, con más información acerca de su gestión, y mejor seguimiento a las quejas o demandas respecto a la misma.

Cuando la Ley encarga a las Asambleas Municipales del Poder Popular y a los Consejos de la Administración favorecer el rol activo de la población en los procesos comunicacionales a nivel local, la información y el esclarecimiento oportunos por parte de las direcciones administrativas en los territorios, la realización de consultas de asuntos vinculados al desarrollo local, crea condiciones para incrementar la participación efectiva de las personas en su cotidianidad, para reforzar ese protagonismo popular tan necesario para el avance de la autonomía municipal.

Cuando la Ley establece la obligación de facilitar el conocimiento por las personas de la información que se genera en los entes estatales y de que aquella que sea de interés general se ofrezca de forma oportuna y veraz a los medios fundamentales de comunicación, está refrendando el derecho, ya no solo a estar informados de la gestión del Estado (como dicta el artículo 80 de la Constitución) sino que lo amplía a ser informados, a que las instituciones se ocupen de transparentar su gestión y sus procesos.

Así pudieran enumerarse un sinfín de enunciados constitucionales que ganan en concreción con la aplicación de esta normativa.

Mas, hay un derecho muy importante diseminado en varios derechos constitucionales y tiene que ver con la vida en paz en una República basada en el humanismo y la ética. Por eso, esta ley responsabiliza a las entidades y los órganos del Estado, a los medios de comunicación social, a las instituciones académicas y a las organizaciones profesionales a aportar a la cultura comunicacional, de diálogo, de una convivencia basada en el respeto. Paradójicamente, en esa aspiración la Ley ha ganado enemigos desde sus primeras versiones.

Como establece el artículo 45 de la Constitución, el derecho de cualquier persona solo está limitado por “los derechos de los demás, la seguridad colectiva, el orden público…”. Por tanto, el derecho de comunicar, de expresarse u opinar de alguien solo estará limitado por el derecho, por los derechos de las otras personas, y nadie podrá recibir agresión o humillación por pensar, por opinar o por expresarse distinto.

Tampoco la comunicación podrá usarse para desestabilizar a nuestro Estado socialista, de derecho y justicia social, ni al orden constitucional, porque esa Constitución y ese socialismo han sido refrendados por la mayoría de la ciudadanía y esa mayoría tiene el derecho de defenderlos y que sea respetada su voluntad.

¿Quiere decir, entonces, que solo porque lo pongamos en Ley desaparecerán los contenidos agresivos, los contnidos desestabilizadores, los contenidos de odio, la guerra comunicacional que se nos hace desde afuera y el juego que algunos le hacen desde adentro?

No. Esa agresión, sobre todo en las plataformas del ciberespacio, va a continuar creciendo, como crece, con esta Ley, nuestra responsabilidad de prepararnos individualmente y de instar a quienes nos rodean a hacerlo para consumir de manera crítica esos contenidos, para no creerse el primer meme o video, y para participar en esos espacios con ética y desde la verdad puesta siempre en contexto, con todos los argumentos.

Tenemos una Ley de Comunicación Social que, con los seres humanos como centro, sienta bases para mejorar los procesos comunicacionales en todos los ámbitos de la sociedad; refuerza derechos ciudadanos; reconoce la necesidad de conservar para la memoria de la nación los fondos patrimoniales de la producción comunicativa; protege la imagen de las mujeres y el bienestar de la niñez y la adolescencia en la generación y publicación de contenidos… en fin, una norma novedosa e integradora.

Dependerá de nosotros, como ciudadanía, de los profesionales afines, de las personas con responsabilidades de dirección en todos los niveles, que comunicar y comunicar bien, ahora que es Ley, se cumpla. (Por Daicar Saladrigas González/Adelante)

Presentan en Italia libro de entrevistas de Gianni Miná a Fidel Castro

Esta semana en Italia se presentó un libro que recoge las conversaciones entre el periodista Gianni Miná y el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución Cubana. Este evento es uno de los más destacados en el mundo editorial del año.

La presentación del libro se llevó a cabo en una conferencia en la Universidad de Génova, situada en la ciudad homónima en la región norteña de Liguria. Este evento forma parte de una gira organizada conjuntamente por la Fundación Gianni Miná y la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba (Anaic), según una nota publicada por esta última entidad, reportó Prensa Latina.

El libro es único en su género, ya que recopila los encuentros entre Miná y Fidel, que comenzaron en 1974. Cuenta con prólogos de Jorge Amado y Gabriel García Márquez y un epílogo de Frei Betto. La edición estuvo a cargo de la cineasta Loredana Macchietti, viuda del reconocido periodista italiano.

El volumen incluye cuatro entrevistas realizadas al líder revolucionario, entre las que se encuentran las de 1987 y 1990, seguidas por otras dos, la última en 2015, un año antes del fallecimiento del Comandante en Jefe, en el marco de la visita del Papa Francisco a Cuba.

Estas entrevistas son un reflejo del periodismo responsable de Miná, de su habilidad para desafiar los dogmas impuestos por la prensa al servicio del imperialismo estadounidense y de su defensa de la obra humanista y social de la revolución en ese país latinoamericano.

Miná expresó, poco antes de su fallecimiento, que «Cuba es un ejemplo para el mundo, para mí representa la realización de la utopía», y agregó que ese país «tiene un sistema diferente al nuestro, socialista, no impuesto, sino elegido».

«Han estado pagando injustamente esta elección con un bloqueo económico durante más de 60 años y con mentiras innobles de algunos medios de comunicación que he estado tratando de desmontar durante treinta años», declaró en una carta abierta publicada en Italia el 15 de octubre de 2022.

Macchietti, presidenta de la Fundación Gianni Miná, estará presente en Génova, así como en los próximos eventos donde se discutirá este libro, programados en las ciudades de Trento y Rovereto, en la región alpina septentrional de Trentino-Alto Adigio.

La gira continuará por todo el país europeo, con el apoyo de los círculos de la Anaic distribuidos por toda Italia. (Texto y foto: PL)

Dispondrá Cuba de nuevo diccionario escolar digital

Con más de 15 mil palabras en su base de datos, la quinta edición del Diccionario Básico Escolar en su versión electrónica, estará disponible en julio de 2025 para uso en las escuelas de Cuba.

Este megaproyecto educativo presenta novedades como la inclusión de los vocablos: coronavirus, nasobuco, placebo, vacunatorio, wifi, USB, entre otros términos de uso en la actualidad.

Será uno de los primeros diccionarios hispánicos en contar, como parte del artículo lexicográfico, con los prefijos y sufijos, lo cual resultará muy útil para los estudiantes, además de la posibilidad de escuchar la grabación de cada entrada.

El Diccionario Básico Escolar en su quinta edición ha sido pensado para facilitar la navegación de los estudiantes cubanos, principalmente, en los teléfonos móviles, con el fin de proporcionar de manera expedita importantes saberes de nuestra lengua materna. (Radio Reloj) (Foto: Internet)

Los consejos para no acatar de Miguel Barnet

Los días pasan, arremolinándose, frente al espejo de la vida. Frente a ese espejo se mira el poeta Miguel Barnet para sopesar, sin ánimos de permanencia, como golpes de luz en la memoria, sus horas bajo el sol. “Yo nunca fui yo realmente / siempre fui muchos cuando debía ser solo yo”, confiesa ante el espejo doméstico y este, acostumbrado a su perfil, le responde que “seguramente el olvido será lo único que sobreviva”. Por eso ha ido mordiendo el sitio dejado por su sombra, como le corresponde a cada hombre que —le dice Virgilio Piñera— come los fragmentos de la isla.

Consejos para no acatar, poemario de Miguel Barnet publicado por Ediciones La Luz en 2021 y merecedor del Premio del Lector en la reciente XXXII Feria Internacional del Libro de La Habana, no es un libro de la senectud o la provecta edad, como podría pensarse al ser escrito sobre el umbral de las ocho décadas; ni un cuaderno resumen que vuelve sobre temas frecuentes en su obra poética, aunque aquí están presentes varias de las búsquedas del joven autor de La piedrafina y el pavo real (1963).

Es un libro que se lee como un divertimento gozoso, pues aflora una reposada y, al mismo tiempo, lozana sabiduría del vivir que se detiene en la contemplación de las pequeñas cosas, en el ambiente doméstico donde surge la poesía. Para escribir estos poemas hay, en primer lugar, que haber vivido y acumulado experiencias vitales en el fiel de los días; pues, como sabemos, aquel que ofrece consejos, aunque nos pida no acatarlos, es porque ha experimentado semejantes o parecidas alegrías y dichas, pero sobre todo lances y cuitas, angustias y congojas, ya que suelen ser los consejos, justamente, amables advertencias, luces en el camino…

Este poemario valió a Barnet el Premio del Lector en la Feria Internacional de Libro de La Habana.

Así el poeta se mira en su espejo y, con una sonrisa de sutil ironía, nos advierte de esa inutilidad, pues “solo quien olvida queda libre de toda compasión”, insiste y escribe, pues “poco a poco se van agotando mis recuerdos / casi estoy en la misma tesitura / de la página en blanco…” Estos consejos son también maneras de poblar de palabras —y con ellas, de nuevas experiencias, sentidos y búsquedas— la página en blanco: “Pobre del que no sienta en su oído / el dulce crujir de las palabras”, asegura en un poema.

De Consejos para no acatar, libro que mereció el Premio del Lector en la reciente Feria Internacional del Libro de La Habana, llaman la atención varias cuestiones: la primera es su tono sentencioso, sin dejar de ser elegante. Se es sentencioso, sin que ello signifique ser enfático o proverbial, porque se acumulan experiencias y existe una voluntad, humanista por cierto, de síntesis y sedimento, de querer resumir y aconsejar, sobre todo al joven lector: “La única alegría que tiene la tristeza es la nostalgia; La felicidad casi nunca encuentra su destino”.

“Es un libro anclado en lo doméstico, en lo hogareño, en los espacios cerrados y al mismo tiempo, abiertos (…) como el umbral que separa un mundo seguro de otro mundo citadino y también escenario llamativo que destruye y construye sus estructuras”.

La segunda es cierto desplazamiento al entorno doméstico como epicentro y escenario poético. Es un libro anclado en lo doméstico, en lo hogareño, en los espacios cerrados y al mismo tiempo, abiertos: la casa y sus habitaciones, los objetos de la cotidianidad, la puerta (y también las ventanas) como el umbral que separa un mundo seguro de otro mundo citadino y también escenario llamativo que destruye y construye sus estructuras: “Apocalíptica ciudad donde acuno mi tristeza / sálvame de vivir atado a la ventura de los felices”, escribe y añade que “aquellos que vivimos en zonas de peligro / hemos aprendido a ejercer / nuestros mecanismos de salvación”.

Barnet se maravilla —como Emily Dickinson en el cerco fecundo de su Amherst natal, con quien comparte, además, esa vocación aforística en su poesía— con las pequeñas y sencillas cosas del hogar. En ellas encuentra los sedimentos para dar cuerpo a la escritura. “Solo la soledad tiene el valor / de vivir a la intemperie” y él no parece creer en la soledad, aunque sea una soledad dialogante. En estos versos hay, además, un claro rumor nocturno, como si muchos de los poemas se hubiesen escrito en las entrañas de la noche: “Es verdad que amo la noche / que nací en la noche / que mi patria es la noche…” confiesa el autor de Biografía de un cimarrón y Canción de Rachel. En esa misma noche del trópico insular brota una mirada erótica, reposada, capaz de trasmitir “un sabor de pastosa sensualidad” que prefiere la contemplación, el roce y el eros frugal más que la posesión y el desborde arduo, pues ya “la excelsa voluptuosidad cegó mi vida”.

El libro devino suceso literario durante la reciente fiesta de la lectura.

El tiempo —obsesión que hemos visto anclada en la poesía de otros autores de su generación y anterior a ella, como José Emilio Pacheco y Juan Manuel Roca en el catálogo de La Luz— recorre las páginas del libro. El tiempo y su paso indetenible; también el tiempo como historia y el hecho de ser parte de ella: “No me he puesto totalmente de acuerdo / con el tiempo…” nos advierte, sabiéndonos en buena medida “devorados por la urgencia temporal / cuando ya somos historia”.

No estamos frente a un libro crepuscular, salvo por cierto hálito nocturno que emanan sus poemas. Miguel Barnet reconoce la inutilidad de estos consejos poéticos, por eso insiste en que cada uno muerda el sitio dejado por su sombra, esa menguante pero segura compañera; en que cada uno recoja, esparcidos en el mar, los fragmentos de su isla y con ellos, como resumen de experiencia, moldee las formas de sus propios consejos, esos que también será mejor no acatar.

 

Por: Erian Peña Pupo / Imágenes: Cortesía de Ediciones La Luz