El año 1875 marca el inicio de las colaboraciones poéticas martianas con la Revista Universal de México. En los días 25 de abril y 29 de agosto de ese año van a aparecer publicados respectivamente dos poemas distintos bajo el mismo título: «Síntesis», de similar mensaje, pero dispuestos en estrofas diversas, a tal punto que entre ambos hay sólo una estrofa idéntica.
Debido a la coincidencia temática y expresiva entre ambos poemas, he decidido emprender el estudio de ambos, a pesar de que el publicado el 25 de abril de 1875 parece haberse escrito en México. El que ve la luz el día 29 tiene colocado en su final la siguiente clave para el investigador: «España – 1873».
Como es evidente por sus fechas de publicación, Martí da como versión definitiva la primera que se escribió. En el poema escrito en España ya aparece un notable influjo filosófico. El texto está dispuesto en estrofas, en que las más largas no rebasan los diez versos. Predominan las de cuatro versos, y las hay hasta menores. Hay «pareados», los pensamientos rimados de «a dos», … poesía discursiva, «dialogada», rasgos que, según Mercedes Serna, prueban la influencia en Martí del escritor español Ramón de Campoamor.
Estas estrofas dan una idea terminada de su realidad, pueden ser estrofas independientes, poseen sentido y validez expresiva por sí mismas. Tanto es así que Martí ha preferido colocar entre cada una de ellas una pleca larga o raya.
Este texto, no sometido nunca antes por la crítica a un análisis exhaustivo, merece un detenimiento en algunas de sus estrofas para comprender el alcance de las ideas poéticas martianas por esta fecha. En el poema hay un asumir —¿consciente?— del principio de la analogía, un regusto sutil para los símiles, —se perfeccionan los de esencia— el goce de la experiencia paradójica, la irrupción que descubre ante sus ojos una armonía inmensa como un templo. Tres conceptos personifican este poema: el tiempo, la vida y la muerte. Estos dos últimos conceptos son presentados en la primera estrofa siempre como extensiones graduales del primero. La presencia claramente circunscrita de los tres elementos se justifica en el inicio del poema: el autor está fijando los elementos claves de su posterior viaje poético en el texto.
Ya en esta primera estrofa es clara la irrupción de la muerte en la vida (ya no sólo a la inversa, como habíamos visto en los poemas anteriores), aflora la armonía con que se perciben los sucesos vitales, la visión dicotómica o múltiple del mundo, pero a un tiempo integradora.
«Aquel que ve el espantoso esplendor del mundo es lógicamente llevado a ver el espantoso sufrimiento del mundo».
Además de un fluir indetenible hay una interconexión: se despliegan en tela alta los goces del devenir:
Doce años, doce flores En este, Inés gentil, nido de amores; Doce años, doce vidas En las almas al yugo férreo uncidas Doce años, doce puntos En la vida feliz de los difuntos.
En estas estrofas ocurrirán derivaciones alternas en que estos conceptos están sutilmente contenidos, pero los más evidentes van a ser la naturaleza y el hombre. Así hará depender, ahora sin gradaciones, uno del otro o viceversa. Así en la tercera, se parte de un elemento natural para explicar un atributo humano:
¿Ves el césped al margen de los ríos? Radiante de verdor: así a la margen Del casto amor, los pensamientos míos.
En la cuarta y la quinta estrofa se parte de un atributo humano y se le compara con elementos de la naturaleza:
Tres hijas; tres simientes De vida universal: tres aureolas Para tres nobles varoniles frentes; Y en el correr del mar tres pobres olas Tranquilas, melancólicas, dolientes!
Vemos aquí cómo se incorpora la figura humana a la vida de la naturaleza, de la que también forma parte específica la mujer; esta comparación con lo natural no limita un detenimiento en la visión sicológica de la misma. Así son plasmados en corto tramo el destino de la mujer y su savia esencial:
La semilla, —que en árbol se convierte, La flor, —que fecundada se entreabre, La rama, luego altivo tronco fuerte, Y la madre —mujer que en hijos se abre Y, dando vida, marcha hacia la muerte. Por eso nada acaba, Y queda la existencia repartida Cuando, cansado el cuerpo de la vida, Piensa al fin en dormir, se dobla y cava.
En esta estrofa ya se atisban sus preocupaciones filosóficas, sus ideas en torno a la existencia. Cúmplense en ella dos de las leyes señaladas como fundamentales en el pensamiento de Martí: la ley de la analogía y la del movimiento y transformación incesantes. Son los lazos del devenir los que Martí refiere, y coloca a la muerte como piedra de toque, como fundamento de la «metamorfosis» que incentiva la vida. Es interesante y muy original la imagen con que cierra la estrofa: «Y queda la existencia repartida / Cuando, cansado el cuerpo de la vida, / Piensa al fin en dormir, se dobla y cava». El propio cuerpo es el que cava la sepultura: personificación medular del tiempo. Esta es una acción que proviene de la naturaleza de lo vivo. La estrofa 3 es muestra de una perfecta amalgama poética en relación con los conceptos que en el poema pugnan:
Pusiéronle una flor en los cabellos De vergüenza murió la flor en ellos.
La belleza es un devenir, parece decirnos el poeta, la belleza es un contorno que huye. Lo que muere es bello: El sentido de presente en esta frase equiparada a Martí es indescartable. La belleza tiene múltiples fuentes, el tamiz de su devenir es la muerte.
Todas estas reflexiones y diálogos interiores contienen el elemento físico de una forma especial. Como en los textos de madurez «la naturaleza se presenta ya no a través de descripciones sino en el fluir de vivencias». Dicha idea —elemento cristalizador de su poética— está íntimamente relacionada con el siguiente aserto de Wordsworth: «El asunto apropiado de la poesía… su uso apropiado, su privilegio y su deber, es tratar las cosas no como son sino como aparecen, no como existen en sí mismas sino como parecen existir en los sentidos y las pasiones».
En la estrofa 14 se parte del elemento natural para llegar al humano, pero en su plasmación hay mayor riqueza expresiva: hay dos símiles de esencia conectados que ostentan la estructura paralela. Se conectan ambos en medio de la estrofa. La complejización del símil de esencia es evidente: la potencia equivalente, intercambiable, entre las partes de un símil hace que el texto gane en expresividad y fuerza artística. Asistimos a la amplificación en ciclo.
En la estrofa 15 vuelven a intervenir claramente los tres conceptos claves del poema: el tiempo, la vida y la muerte. Sólo que ahora entre los tres se opera un equilibrio, una identificación: hay un momento en que el tiempo y la naturaleza —que engloba ya a estas alturas del poema al elemento de la naturaleza física y al hombre— son poseídos a la vez por la muerte con lo que se evidencia que el devenir es la superposición de muchas vidas y muchas muertes imbricadas. Esta idea también es recreada con diferentes recursos en la estrofa final del poema:
Raro suceso! ¡Extraña simpatía Del hombre, el sol y el año! Principió de aquel hombre la agonía En medio del crepúsculo de un día Del octubre pluvial; ¡suceso extraño! ¡Cayendo al par en grave sepultura El año, el sol, la frágil envoltura! Oscuros, pesarosos y sombríos Hallas, al verlos hoy, los ojos míos: ¡Ay! cuando se copiaban, presentían Que alguna vez de verte dejarían!
Repárese en que entre la estrofa 15 y la última estrofa del poema, la 16, no media la pleca larga o raya, a pesar de una epidérmica diferencia argumental entre las mismas. Otro elemento que apoya la coincidencia temática entre ellas. En la estrofa 15, amén de señalarse la condición pasajera de la existencia de todos los elementos del universo, se manifiesta la ley de unidad y correspondencia de los mismos, fundamental a la hora de estudiar el pensamiento martiano. En otras estrofas predomina la visión dicotómica de la naturaleza humana (6, 7, 10, 11 ,12 y 13).
Como es evidente, estas estrofas ocupan el centro del poema. En ellas se verifica un viaje hacia dentro del ser. La introspección se vuelve temple ya en este texto. Hay una conciencia del viaje interior. Se nos muestra el individuo como mundo o como universo, y a su espíritu en lucha inevitable con el cuerpo. Adquieren independencia del resto, estrofas como estas:
Escucha. ¿La memoria Es barbarie fatal o cierta gloria? —Memoria es un taller de la existencia Que en sangre cobra el precio de su ciencia.
De marcado apego a lo aforístico, a lo epigramático, con desenlace proverbial, en la imagen se recrean a un tiempo la magia artesanal y la finitud de la memoria. Se ampara en fin de cuentas el goce dicotómico o bipolar. O la siguiente:
—¿Que me quieres? El brillo me lastima De tus ardientes ojos encendidos! —¿Que me olvidas? Ya laten presurosos, Libres de la serpiente mis sentidos!
Amén del rechazo de la lascivia del amor físico (idea romántica, que cobrará mayor cuerpo en los poemas escritos en México) se concibe al sentimiento en devenir. El amor también es un goce bipolar. Las pasiones contrarias son parte equilibrada del sentimiento. Esta estrofa está conectada con la primera del poema «Síntesis», escrito ya en México y publicado el 25 de abril. Allí la idea está más trabajada. Así roza lo conceptual, lo filosófico, así asimila influencias.
En esta conexión de realidades distintas pero afines —la naturaleza y el hombre—, y a su vez, derivaciones de un mismo elemento que arrojan conceptos aparentemente encontrados —doble esencia del pensamiento y el sentimiento humano— ya está expresada con altura poética y filosofía trascendente su concepción definitiva del mundo: «Para mí la palabra Universo explica el Universo: Versus uni: lo vario en lo uno». Afirmación del año 1882, aproximadamente, es decir, la “síntesis”, como el atinadísimo título de su poema. Advertimos que la obra de Martí, «es en verdad, un torbellino aglutinador que admite la contradicción en la propia unidad que postula». Esta idea madura sobre el mundo y el enlace como concepto, afloran ya en las siguientes formulaciones contenidas en el cuaderno de apuntes n. 1, que se corresponde con la estancia española:
El alma es la facultad de observar, juzgar y transmitir, en cuanto piensa —recibir impresiones en cuanto siente, y causárselas y causarlas, en cuanto se mueve— esencia, cadena entre el hombre y Dios, cuyos eslabones son espinosos y van siendo cada vez más cortos.
Ese reconocimiento e interdependencia entre los actos humano-naturales se vuelven muy sutiles en las siguientes ideas que fueron escritas por el mismo tiempo que las anteriores: «Todo en el mundo, menos él mismo, es el efecto del azar. Un detalle en el órgano es a veces una revolución en el sistema».
Esa identificación en la contradicción es lo que también se recrea en «Síntesis», oleada abrupta de un pensamiento que comienza a ganar en raíces y vástagos. El poeta descubre que a «cada cosa la vigila / una bondad dispuesta al vuelo, / igual que a cada piedra y cada flor / y a cada niño chico, por la noche»; el poeta pretende entregarse «a inteligentes leyes…, enderezarse como un árbol».
Fina García Marruz, preocupada por el momento en que irrumpe en Martí esta idea del enlace, ha reflexionado:
¿Por qué años adquiere Martí esta idea, esencial a su vida y a su arte, del enlace… de la correspondencia armónica entre todos los órdenes de lo real?
En El presidio político, escrito en 1871, hay piedad, hay dolor, hay ira, pero no aparece la idea de un orden armónico. No le pareció hermoso el dolor allí, sino terrible; no le pareció necesario, como creería después, sino injusto… ¿Cómo pasa Martí de este sentimiento de la infinitud del dolor, de este Dios sordo que no envía remedio, a la idea expresada posteriormente del dolor como «hermosura perfecta»?… ¿Cómo fue llegando Martí a ella —reflexión filosófica acerca de un orden del mundo—, a través de qué experiencias.
La ensayista ubica el primer atisbo en «Las Reformas», publicado en 1873, donde aparece:
Una idea del enlace en la afirmación, que repite tres veces, de que los hechos heroicos no suceden en vano. Cada hecho heroico es entonces como una raíz, genera nuevas ondas. Llega a decir que no sería ni siquiera deseable que España accediese a las justas reformas pedidas por Cuba, pues de ser así, los que lucharon o murieron por ver a Cuba libre lo hubieran hecho en vano. Ello constituiría un hecho aislado, y eso es algo totalmente incomprensible para Martí, para quien la virtud es siempre como una semilla: No puede concebir que lo amoroso no genere enlace, no cree un encadenamiento distinto.
Por otra parte, en este poema son visibles las huellas que el pensamiento krausista hubo de dejar en el joven Martí. Dicho sentimiento concibe al universo como un todo absoluto; y hay una relación universal dentro del plano de la naturaleza que incluye las obras humanas, nunca desprovistas de fructificación.
El pensamiento que parte de Christian Krause es, posiblemente, la primera huella que en el campo filosófico atisbamos en la trayectoria ideológica de José Martí. El krausismo que llegó a Martí no fue, seguramente, por influencia de Sanz del Río, sino de sus seguidores, Salmerón, Giner, Fernando de Castro, Quevedo y Tapia, todos ellos pertenecientes a la segunda generación krausista.
El poema «Síntesis», escrito en España, posee confluencias con la traducción que Alejo García Moreno hiciera de Los mandamientos de la humanidad, o la vida moral en forma de catecismo según Krause, escrito por G.Tiberghien. Allí dicho autor se refiere al pensamiento analógico y la conciliación armoniosa presente en el krausismo: «Todos los seres viven en, bajo, y por Dios y son todos buenos y bellos… Todo es bello en las armonías de la Naturaleza» porque «todo está penetrado de la esencia divina…».
En el texto se evidencia que:
Martí es esencialmente un autor que quiere cambiar… El cambio pasa a través de la lucha, cuya finalidad no es la ruptura, sino la transformación, la elevación y la plenitud del hombre en el ejercicio de su libertad y en la armonía con el universo.
«Síntesis» es «otra muestra de la evolución gradual que experimenta la obra española de Martí… En estos versos ya se anuncia al poeta que después ha de encender el relámpago lírico de su “verso sencillo”».
El otro poema titulado «Síntesis», que fuera publicado el 25 de abril de 1875, más breve que el ya analizado y formado por siete estrofas cortas, contiene también una reflexión sobre el tiempo, pero en este caso la misma está circunscrita al universo del amor. Aparecen aquí los elementos dicotómicos, pero todo curiosamente relacionado con el sentimiento amoroso:
Yo iría, sí, —yo iría A ese cuerpo gentil, pero ¿quién sabe Si he de encontrar en él un alma fría? ¡Que ese fácil amor otro se lleve!— Amar a un cuerpo es sepultarse en nieve.
Son apreciables, asimismo, algunas ideas románticas tales como el afán de absolutos y una espiritualidad que ensancha su cauce. La equiparación entre el elemento natural y el humano es apreciable en la estrofa IV, donde la estructura paralela hace posible la comparación:
Hay frío: mi dolor. —El sol despierta: Un alma de mujer llama a mi puerta.
El énfasis en la condición pasajera de la vida incluye breves reflexiones de marcada influencia campoamorina, como el que sigue:
Hermosa tú, yo joven; pues ¿la vida Es algo más que el punto en que se olvida?
Como vemos todo el poema, y por consiguiente cada estrofa presenta diversas dicotomías interrelacionadas y en gradación donde se observa una curiosa simbiosis entre lo ético y lo filosófico.
