Hace 212 años, el 23 de marzo de 1814, nació Gertrudis Gómez de Avellaneda en Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey. Pasó la niñez en su ciudad natal y residió en ella hasta 1836, cuando partió con su familia hacia España. Durante la travesía marítima escribió dos de sus poemas más famosos: el canto «Al mar» y el soneto «Al partir» en el que expresa su dolor por abandonar Cuba.

Al partir

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo,
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente.

Voy a partir… La chusma diligente
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz! ¡Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído.

Ah, que ya cruje la turgente vela,
el ancla se alza, el buque estremecido
las olas corta y silencioso vuela.

La vida personal y la obra de Tula Avellaneda escapan a las convenciones de su época. La ensayista Carolina Alzate, de la Universidad de los Andes, en Bogotá, comenta al respecto:

Romántica rebelde e insatisfecha, ya desde Puerto Príncipe su desobediente rechazo al matrimonio y su voluntad de ser escritora se convierten en centro de murmuraciones. (…) A partir de 1838, establecida en Sevilla primero, y luego en Madrid desde 1840, se dedica a hacer de su vocación literaria una profesión, empeñada en convertirse en una “mujer de letras” [1].

Ya en tierra española, comenzó a publicar en revistas y periódicos de Sevilla; en 1840 se estrenó su primer drama: Leoncia, y en 1841 se publicó en Madrid la primera edición de sus Poesías. Entre 1846 y 1858 se estrenaron en España no menos de trece piezas teatrales suyas, algunas de ellas con gran éxito. No obstante, cuando en 1853 intentó ingresar en la Real Academia Española de la Lengua, fue rechazada su solicitud por ser mujer. Recientemente, en ocasión del tricentenario de la RAE y el bicentenario del nacimiento de la autora cubana, el escritor Manuel Lorenzo Abdala ha reclamado la inclusión de Gertrudis Gómez de Avellaneda como académica honorífica [2]. “Un sillón que vendría a resarcir un olvido histórico. Fue la lumbrera del siglo XIX. La dramaturga más importante de la época”, opina Abdala, quien ha estudiado durante varios años la figura y obra de Avellaneda.

La escritora regresó a Cuba en noviembre de 1859, acompañando a su segundo esposo, el coronel español Domingo Verdugo. El 27 de enero de 1860 le fue ofrecido un homenaje nacional en el Teatro Tacón de La Habana, en el que la poetisa Luisa Pérez de Zambrana le ciñó una corona de oro con hojas de laurel esmaltadas. Tula realizó un recorrido triunfal por ciudades cubanas, incluyendo Puerto Príncipe, donde también fue homenajeada. Tras veintitrés años de ausencia, vivió cinco en la isla; en 1864 regresó a Madrid, donde murió en 1873, poco antes de cumplir los cincuenta y ocho.

Avellaneda resulta una precursora del feminismo, tanto por su actitud personal como por el destaque de los conflictos femeninos en su obra. Por ejemplo, la novela Sab es, según la ensayista norteamericana Evelyn Picón-Garfield, la única entre las narrativas antiesclavistas en la que “se desdobla la temática de la esclavitud en una tiranía que atañe tanto a la raza negra como al sexo femenino» [3]. Esa doble temática aparecerá nuevamente en el drama Baltasar (1858), en cuyo prefacio la propia Avellaneda afirma que “la pieza aborda dos problemas importantes: la esclavitud y la situación social de la mujer” [4].

Llama la atención en Sab la franqueza con que son cuestionados ambos aspectos, en fuerte contraste con las normas de la sociedad decimonónica. Publicada en 1841, mucho antes de la que pudiera considerarse como la más famosa novela abolicionista del siglo XIX, La cabaña del tío Tom (1852), de Harriet Beecher Stowe, Sab la supera con creces por la audacia de sus planteamientos antiesclavistas.

Las autoridades coloniales no permitieron la entrada en la isla de las novelas Sab y Dos mujeres, censuradas por contener “doctrinas subversivas al sistema de esclavitud de la Isla y contrarias a la moral y buenas costumbres”. [5] Como se ha señalado con razón, la autora “había llegado en ese libro al colmo del atrevimiento, no sólo se había cuestionado a la esclavitud como institución social, sino que había defendido las relaciones íntimas a nivel interracial, a lo que no se atrevería, que sepamos, ningún otro escritor de su siglo”. [6]

Avellaneda publicó también poesía, novela, cuentos, ensayos y traducciones, y dirigió la revista Álbum cubano de lo bueno y lo bello, cuyos doce números aparecieron entre febrero y agosto de 1860. Una recopilación de interesantes textos que vieron la luz en dicha revista fue publicada en 2005 por la editorial camagüeyana Ácana, bajo el título Álbum cubano de lo bueno y lo bello: una estocada de género.

En su faceta de traductora, Avellaneda trasladó al español poemas de los franceses Víctor Hugo y Alphonse de Lamartine, el inglés Lord Byron y el portugués Augusto Lima. En su “imitación” o traducción libre del poema “Les djinns” (Los duendes) de Víctor Hugo, la cubana traslada con maestría los juegos métricos del original. Veamos el fragmento final del poema en la versión de Avellaneda:

Todo cesa…
ningún ruido
a mi oído
llega ya.
Todo calla
y el reposo
silencioso
tornará.
Ya benigno
vierte el sueño
su beleño
por mi sien,
y en sosiego
tan profundo
duerme el mundo…
¡y yo también!

En 1914 se confeccionó en Cuba una medalla conmemorativa para celebrar el centenario del nacimiento de Tula, y por mediación de Domingo Figarola se publicaron las Memorias inéditas de la Avellaneda. También se acuñó un sello postal cubano con la efigie de la escritora, del que se hizo una tirada de un millón treinta mil ejemplares. Avellaneda fue la primera mujer cubana que apareció representada en una estampilla de correos en el país.

La Feria del Libro de La Habana otorgó relieve especial a la figura de esta gran dramaturga, narradora y poeta en 2014, año de su bicentenario. En fecha reciente se inauguró, en su natal Camagüey, el Centro de Promoción Literaria “Gertrudis Gómez de Avellaneda”, que acoge un café literario, una galería de arte y un punto de venta de libros: un nuevo espacio para la literatura camagüeyana, que homenajea a una de sus más ilustres creadoras.

Por Mario Socarras

Webmaster asociado del sitio web oficial de Ediciones Universidad de Camagüey.

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